En cierto sentido, Hope constituye una evolución lógica en la carrera cinematográfica de Na Hong-jin. Con un presupuesto de casi el triple de lo que costaron sus tres exitosas primeras películas juntas, es evidente que Na ya es una figura reconocida y confiable de la industria.

Pero por otro lado, Na no parece recorrer un camino predecible. Tras dos thrillers policiales crueles y oscuros (The Chaser y The Yellow Sea) y una de las películas de terror más abrumadoras del siglo XX (The Wailing), uno esperaría que lo nuevo de Na tuviese la gravitas para traumatizar a la industria coreana o al menos una atmósfera tan pesada que te hundiese en la butaca. 

No es así, al menos no tradicionalmente. Na parece sacudirse la mayoría de sus masoquistas demonios internos, en un memorable guión de blockbuster maximalista que lo tiene (casi) todo y donde el subtexto, aunque evidente, está relegado a un segundo plano. 

Y es que muy probablemente, Hope sea la película más divertida del 2026. 

El subtexto de Hope es bastante sencillo: el pueblo ficticio que le da nombre a la película se encuentra en la zona desmilitarizada de Corea, donde la propaganda anticomunista y el miedo al enemigo foráneo ha creado una sociedad que parece estar condicionada a una violencia inevitable, lista para ejercer resistencia a plomo limpio. Sin duda, esto acentúa la tragedia que bien podría haberse evitado con diplomacia y comunicación. Sin embargo, este subtexto funciona más para ayudar a rematar varios micro-gags humorísticos, como el hecho de que las armas vayan creciendo en potencia y calibre y multiplicándose casi que orgánicamente, ante los ojos incrédulos del policía protagonista o que la primera teoría de los locales ante el descubrimiento de vacas muertas con grandes heridas sea la posibilidad de que “un tigre del norte” haya podido sortear minas y cercas. El mensaje, sin duda, no es tan importante ni serio como las risas, el espectáculo. 

Hope es de esas películas que se benefician aún más que la mayoría de que el espectador sepa muy poco o nada de la trama. Cada 30 o 40 minutos, el ritmo, el tono o la magnitud se intensifica a un grado gratamente sorpresivo. En momentos, sus riesgos y pisadas del acelerador me recordaron a esa maravillosa y subestimada serie de Chad Hodge, Wayward Pines, donde el universo no paraba de expandirse y el espectador aceptaba feliz las nuevas ficciones en esteroides. Recomiendo en este punto, si no has visto la película, divulgar obsesivamente que esta fue una gran reseña y dejar de leer esto.  

Durante la primera hora, Na se centra en presentarnos a los humanos de este relato, y nos sugiere la amenaza. Funcionarios simpáticos y locales excéntricos y gritones en medio de una tragedia, típicos de la tradición popularizada por Memories of Murder de Bong Joon Ho. Hwang Jung-min encarna a Ko Bum-seok, el cabo policial valiente y torpe, superado por la situación. Zo In-sung, es la adorable y competente policía novata Ko Sung-ki. Eum Moon-suk, el cáotico e idiota Yang-bae, listo para representar los peores atributos de la ignorancia humana. Ningún personaje se “desarrolla”: todos reaccionan a su manera a la emergencia, y continúan haciéndolo durante todo un (solo) día. 

Acto seguido, Na empieza activamente a negarnos el monstruo de maneras casi hilarantes (“¡está detrás de ti!”), mientras al mismo tiempo sigue la fórmula clásica Spielberiana de ir construyendo tensión sin revelar mucho (la primera hora de Jaws, E. T. The Extra-terrestrial y Jurassic Park vienen a la mente). En ocasiones, uno llega a creer que esta película logrará ser exitosa mostrando solo las secuelas de los ataques. 

Na tiene otros planes. El monstruo no solo es orgullosamente revelado, sino que luego la amenaza es plural y variada. No solo eso, los monstruos comienzan a protagonizar activamente violentas y vertiginosas secuencias de acción, que aunque quizás se apoyan demasiado en el “disparo salvador de último segundo por un tercero” o en el slapstick “woou wuo” de los humanos, no dejan nunca de engrandecer la amenaza. Na oficialmente ha entrado en explosivo y palomero (cotufero, pochoclero, crispetero) territorio cinematográfico. 

Pero Na va uno (o dos) pasos más allá. Los “monstruos”, que en un principio se sugiere podrían provenir “del bosque” y formar una especie de leyenda folclórica, son en realidad extraterrestres. Na pisa el acelerador narrativo una última vez y cierra los ojos: los alienígenas tienen personalidad, emociones, sus propias batallas e incluso LÍNEAS DE DIÁLOGO (ejecutadas por Michael Fassbender, Alicia Vikander y Taylor Rusell) que no solo revelan que nuestros humanos podrían ser realmente los antagonistas sino que una secuela de este universo expandido es inminente. Esto es The Host, a escala intergaláctica, con menos drama familiar y más homenajes al cine de entretenimiento (¡persecuciones en auto! ¡A caballo! ¡Grandes explosiones!) .

En este punto, donde el CGI queda un poco a deber (igual siento que nadie en 20 años ha pronunciado genuinamente la frase “oye, qué buen CGI”), entra el diseño de las criaturas a salvarlo todo. Desde Va’migere, cuya destrucción absoluta del pueblo remite de inmediato a una versión claustrofóbica, rural e hiper veloz de Attack on Titan, hasta el imponente Ma’veyyo, que tiene una especie de mutación feral pero que cuando adopta una postura humanoide es el triple de inquietante. O la belleza monárquica de J’aur que parece sacada de una novela gráfica ilustrada por Moebius. Se nota de inmediato el orgullo y la dedicación de su creación, y las influencias históricas. No es casual que Na haya evitado esa treta de ocultar imperfecciones de los VFX con la oscuridad de la noche: aquí todo ocurre bajo la luz del Sol, de hecho, con la urgencia de resolver todo antes de que se oculte. 

El blockbuster le funciona muy bien a Na, cuyas apuestas pasadas con la suspensión de la incredulidad eran más difíciles de digerir, con demasiados encuentros fortuitos sangrientos para sacar la trama adelante (sí, The Chaser, es contigo, y también un poco contigo, The Yellow Sea). Aquí, esos riesgos vienen con el contrato inherente cinematográfico del sci-fi y la aventura. El Ko Sung-ki de Zo In-sung no debería haber sobrevivido jamás a tantos coñazos, pero es nuestro héroe así que no importa: Dominic Toretto y Ethan Hunt han sobrevivido a escenarios más inverosímiles y siguen recaudando millones y perteneciendo a la élite de la cultura pop de acción, así que dejen quieto a Ko. 

Hope es uno de los argumentos más sólidos del año para ir a la sala del cine. La escala grande es importante. Su diseño, desde el papel, exuda amor por el medio. Es refrescante no solo el hecho de que se perciba esa intencionalidad lúdica a lo James Cameron o Roland Emmerich de los 90, sino que provenga de otra cultura y otra mirada. Na ha querido gestar una experiencia comunal a oscuras de entretenimiento de alto octanaje, y lo ha logrado.

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