La eterna temporada de lluvia de este año en Ciudad de México hizo que “Hollow Little Reign” estuviese en mi mente mientras veía la fachada del Teatro Metropólitan con el nombre de la banda, “Supergrass”, en la marquesina, en dorado. Es también claramente temporada britpop en la ciudad, gracias un poco a este concierto pero sobre todo a la inminente visita de los hermanos Gallagher en pocos días. 

Tras comprar el poster del gig para mi colección, Sports Team, con su simpática arrogancia estratégica y frescura indie, me recibió mientras bebía y comía algo y me acomodaba en mi asiento, en las primeras filas del recinto. 

Casi una hora después, sin mucha fanfarria y con “Blockbuster” de Sweet de fondo, los cuatro de Supergrass salieron al escenario. Tras breves saludos, y sin mediar palabra, arrancaron con el trío que abre I Should Coco, el disco que vinieron a celebrar: “I’d Like to Know”, “Caught by the Fuzz” y “Mansize Rooster”. 

Mucho desenfado garage, el baterista Danny Goffey con constantes y al parecer estratégicos momentos “not my tempo” para reimpulsar extractos clave de canciones, y una actitud tranquila y sobrada ante una cantidad de temas que se conocen de arriba y abajo y que, aparentemente, no han parado de disfrutar. 

Gaz Coombes, por supuesto, es carisma pura. Ya la antigua enorme sonrisa juvenil a lo Jagger es otoñal y está cubierta de barba. Sigue manteniendo la misma voz de siempre, que combina nasalidad, personalidad única y falsettos con emotividad genuina que rehuye al virtuosismo. Es casi surreal escuchar una voz tan distintiva y constante en mi vida, a pocos metros. 

A diferencia del principio de la gira, donde tocaban de un solo tirón todo el I Should Coco para luego darle chance a otros éxitos de otros discos, ahora mezclan el setlist. Gaz así lo explica, casi a manera de advertencia, antes de inmediatamente soltar dos golpes memorables con la nostálgica “Late in the Day” (siempre redescubro su belleza juguetona, es una canción legendaria) y la pegajosamente perturbadora “Mary” (pegué unos buenos falsetes a todo volumen con ese Ah ya ya! sin vergüenza alguna). No llevan ni 20 minutos y ya me han activado nuevamente el asombro, al recordarme, UNA VEZ MÁS, la cantidad de grandes canciones que tienen. En mi ranking personal subjetivo del britpop, Blur y Supergrass siempre se han peleado el primer tier. En el segundo tier conviven Oasis, Pulp, y The Stone Roses. Peleen solos. 

“She’s So Loose”, “Lose It” , “We’re Not Supposed To” y “Time” caen en distinto orden al del disco, para darle paso al megaéxito que es “Alright”. Del Coco también caen “Strange Ones”, “Sitting Up Straight”, “Lenny” (de mis favoritas) y “Sofa (of My Lethargy)”. Es aquí cuando valoro más el enorme aporte de Mick Quinn en el bajo. Es quien mantiene todo realmente unido, y quien parece entregarse más a su instrumento. 

Gaz toma una guitarra acústica para “Time To Go”, y Danny se une a las cuerdas. El segmento acústico continúa con “St. Petersburg”, lo que significa un salto adelante en la cronología. Acto seguido, y con varios guitarrazos de amenaza, estalla la maravillosa “Richard III”, rocanrol efectivo de manual, combinado con momentos siniestros e inesperados protagonizados por ooooos y un Theremín, lanzado vía teclado por el gran Rob Coombes, quien desde el 2002 oficialmente convirtió el trío en un cuarteto. Es probablemente mi canción favorita de Supergrass. 

Aunque el Teatro Metropólitan es un recinto hermoso, con buen servicio (en el área de comida venden unos deliciosos tequeños realmente venezolanos que me hicieron exclamar que yo nací en esa ribera del Arauca vibrador), sus sillas funcionan más como grilletes que como artículo de comodidad en conciertos como este. Esto quedó en evidencia especialmente hacia el final del toque, en canciones como “Moving” y “Grace”, donde claramente las primeras filas queríamos brincar y el tumulto contenido era hasta gracioso de presenciar. En un momento, un extraño en el público identificó mi conexión con la banda (que aunque crucial, no se comparaba a la de él, quien en repetidas ocasiones y de diversas maneras le pidió a Gaz la imposible misión de que lo embarazara y le regalara uno o dos hijos) y se une a cantar conmigo. Nos saludamos luego como si fuéramos viejos amigos antes de seguir con nuestras vidas (el buen extraño hizo también su labor de mercadotecnia: tiene una banda llamada Insensibles, la cual escucharé pronto).

Tras una pausa realmente corta, el encore inició con “Sun Hits the Sky”. Mientras escucho la parte del Live for the right things / be with the right ones , no puedo evitar recordar a los viejos amigos con los que solía cantar esta canción en una vida pasada, cuando, borracho a las 2 a.m., ponía en la sala de mi antiguo apartamento el DVD de la videografía, Supergrass is 10! . Este inesperado dardo emocional es un cierre perfecto del concierto.

Y menos mal, porque el final real fue realmente desastroso. En el clímax de “Pumping on Your Stereo”, Gaz, indignado por un par de borrachines que estaban peleando en primera fila, interrumpió su solo de guitarra final, los espetó, y casi se despide por completo. Tras un momento torpe e inconsistente en el que asumo elevó la mirada y observó al resto del recinto, Gaz enmendó rápidamente su ego herido. Reanudaron el tramo final de la legendaria canción con video de muppets, pero Danny ya estaba abatido por la altura de la capital mexicana. De forma nada ceremonial, mandó prematuramente al final la canción y todo acabó de forma bastante accidentada. Nadie rechistó. 

Los cuatro ingleses se tomaron su tiempo de saludar, recibir aplausos y agradecer nuestra presencia. Gaz, una vez más, señaló a los borrachos y se disculpó por su arrebato. El final del concierto fue anticlimático, pero el mero hecho de haber podido disfrutar unos 21 o 22 temazos en directo de una banda que solo fue realmente grande en su país, que muchos nunca entendimos como no fue masiva, ha llenado mi tanque de expectativas. Nunca pensé que estos cuatro se volverían a juntar y mucho menos que se acercarían a mi casa.

Este, sin duda, fue uno de los mejores martes de mi vida. 

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