
Un show de TV ambientado en la saga de videojuegos Fallout siempre iba a tener mucho a su favor. Es un universo audiovisualmente icónico, con muchas posibilidades para historias individuales, y decenas de facciones y criaturas postapocalípticas muy bien desglosadas y establecidas a las cuales aprovechar.
Lo negativo de eso es que las expectativas son altísimas. No puedes fallar. Cualquier cosa inferior a sobresaliente sería una decepción.

Afortunadamente, estamos ante un gran show. Uno que, personalmente, superó todas mis expectativas. Junto a Shōgun, conforma de lo mejor de este arranque del 2024. No se limita a jugar con las piezas establecidas sino que logra presentar este mundo a nuevas audiencias, propone nuevas reglas y giros, es relevante en el canon, y a la vez entretiene un montón y no dejar nunca de generar la escalofriante advertencia que por estos días estremece más.
Para quienes no conozcan nada sobre Fallout, la historia se desarrolla en una versión alternativa de nuestro mundo, en el que tras la Segunda Guerra Mundial, las naciones abrazaron y desarrollaron la energía nuclear y dejaron atrás el desarrollo de los microprocesadores, lo que terminó generando una sociedad retrofuturística donde, en pleno 2077, la estética de la Estados Unidos de vallas blancas y diners de la década de 1950 comparte espacios con grandes avances tecnológicos como robots asistentes y armas de energía impulsadas por mini reactores de fusión.
La paranoia de la aniquilación nuclear se convierte en miedo razonable. Caen las bombas, muere la mayoría de la población y unos cuantos se ocultan en unas 122 bóvedas / refugios subterráneos creados por una multinacional llamada Vault-Tec, cuya razón principal de ser, se va descubriendo, no es precisamente repoblar el planeta sino llevar a cabos diversos experimentos sociales que ayuden a quienes ostentan el poder a manipular mejor la vida restante en el planeta.

Fallout, como prácticamente todos los títulos de los videojuegos, nos muestra el mundo de las bóvedas a través de una de sus “moradoras”, Lucy (Ella Purnell), cuyo padre, Hank (Kyle MacLachlan) es el supervisor de dicho refugio, el 33. Sin embargo, el show tiene mucho más que mostrar sobre la superficie de la tierra devastada, y lo hace a través de dos personajes clave.
El primero es Maximus (Aaron Moten), un escriba de la Hermandad del Acero, una organización militar-religiosa que recopila y oculta tecnología pre-guerra, cosa que se hace evidente con sus enormes armaduras robóticas.
El otro es The Ghoul (El necrófago), un posthumano mutado que debe medicarse constantemente para evitar convertirse en una criatura irracional más parecida a un zombie y que está encarnado por el grandioso Walton Goggins (genio subestimado desde hace lustros, gracias a sus geniales roles en piezas como The Shield, Vice Principals, Sons of Anarchy, Justified) y cuyo rango, que desde ya olería a Emmy y Globo de Oro en un mundo más justo, va de icónico héroe vaquero del imaginario “americana” al monstruo “feo, fuerte y formal” que vaga con el abrumador peso de su previa influencia cultural. Es, de lejos, el mejor personaje de la serie, y quien logra cuajar perfectamente todas las historias.

Por supuesto, para ávidos consumidores de Fallout como yo, el show hace la tarea de ambientar a la perfección este mundo y llenarlo de referencias. Es un deleite ver el Pip-Boy en acción, escuchar “I Don’t Want to Set the World on Fire” de The Ink Spots (así como otros temazos de Bing Crosby, The Platters, Ella Fitzgerald, Johnny Cash y Dinah Washington, entre muchos otros), visitar una gasolinera Red Rocket, ver el refresco Nuka-Cola y hasta un bobblehead del Vault Boy. Por supuesto, faltan muchísimas cosas por ver (supermutantes, deathclaws, etc), pero para eso estarán, espero, las siguientes temporadas.
Hasta aquí, Fallout ya habría ganado el sello de aprobación, al nivel efectivo de Twisted Metal, por ejemplo. Pero este show decidió ser más que un mero referente live-action y convertirse en algo importante y crucial para el lore de la mitología. Y lo hace con gran personalidad. Con soundtrack de Ramin Djawadi y personajes secundarios memorables encarnados por Moisés Arias (aquel memorable Biaggio en The Kings of Summer), Chris Parnell , Matt Berry y Sarita Choudhury, el show revela, en 8 episodios, información inédita que sin duda moldeará el futuro de esta franquicia.

Uno de mis grandes temores con Fallout era que Jonathan Nolan y Lisa Joy fueran directores y productores ejecutivos. Con Westworld tuvieron grandes aciertos en un principio, pero en su segunda mitad la serie tomó una laberíntica ruta en aras de sorpresas efectistas poco satisfactorias que terminaron relegando al otrora prometedor show a la irrelevancia cultural. Afortunadamente, todo apunta a que, en esta oportunidad, están bien contenidos por los showrunners Graham Wagner (Silicon Valley, Portlandia) y Geneva Robertson-Dworet (Captain Marvel), quienes en todo momento priorizan el entretenimiento y el buen ritmo. La batería de directores y escritores capturan muy bien el balance entre el humor absurdo de la ambientación y los ecos estremecedores de advertencia real.
Porque, en el fondo, Fallout siempre ha funcionado porque su devastación resuena en nosotros. Al igual que prácticamente todos los protagonistas moradores de bóvedas de la saga, aunque en una escala obviamente mucho más privilegiada, lidiamos con la desesperanza de la violencia del tribalismo, edulcorada con la dosis perfecta de nostalgia escapista como para añorar un mundo mejor mientras el tiempo, el apex predator perfecto, ríe. Solo queda adaptarse al post-mundo, lograr mejorarlo con improbable heroísmo (o decisiones moralmente dudosas) o sucumbir.
O quizás mejor, fingir demencia y coleccionar cositas.

Epílogo (?): El show de Amazon Prime es tan efectivo, que del tiro volví a instalar el Fallout 4 en el PS5 para terminar los DLC pendientes (al juego base le saqué platino y le dediqué casi 100 horas por allá en el 2016). Por supuesto, no todo podía ser perfecto cuando de Fallout se trata: un bug gigantesco no me permite ni iniciar el juego. Debo esperar a ver si el patch del 25 de abril lo soluciona o si no básicamente debo RESETEAR todo mi PS5 para ver si así sí corre. Clásica experiencia Bethesda.




