Cuando Avalanche Software anunció en 2020 la creación del videojuego Hogwarts Legacy, las expectativas fueron enormes e inmediatas. 

Para ese momento, el universo del Mundo Mágico, creado por J.K. Rowling con los icónicos libros de Harry Potter, pasaba por un momento bastante precario. La última película de Harry Potter tenía ya casi 10 años de haber sido estrenada, y su principal producto cinematográfico actual, Animales Fantásticos, no había logrado generar ni un ápice del impacto cultural de la saga original. 

Sin embargo, los “Potterhead” seguían siendo numerosos y leales. La comunidad se mantenía activa a través del fanfiction, los festivales, las visitas a los diferentes parques temáticos, el cosplay, los infinitos maratones de las decenas de películas en los sistemas de streaming y la cuantiosa mercancía disponible.

La emoción era entendible. Hogwarts Legacy iba a ser el primer videojuego de este universo en tener un ciclo de producción extenso, no anclado a la promoción apresurada de alguna película ni vinculado a otra propiedad intelectual como Lego

Lamentablemente, ese mismo año, todo el legado cultural de J.K. Rowling, así como su relación con los fanáticos, comenzaría a tambalearse.

¡Confringo!

A mediados de 2020, Rowling lanzó el primer hechizo explosivo: retuiteó un artículo y se mofó de la expresión “personas que menstrúan”. Ya Rowling había reaccionado a a otros tuits más burlones y había seguido a activistas abiertamente transfóbicos, pero dichas acciones fueron excusadas en su momento bajo el paraguas de la indefensión boomer ante la tecnología. 

Pero esta vez ya no había duda: Rowling había marcado posición. Muchos “Potterheads” quedaron impactados. La creadora del Mundo Mágico, cuyo mensaje central era el poder de la solidaridad y la lucha contra la intolerancia, se había caído del pedestal. Las reacciones no se hicieron esperar. 

Lejos de evitar una escalada, Rowling se enfiló desafiante al espiral descendiente de la polémica. Redobló su punto, confundió (¿quizás estratégicamente?) el concepto de sexo con género, publicó un controversial manifiesto en su página web y en todo momento negó ser transfóbica. Alabó públicamente al escritor Stephen King al malinterpretar un retuit como apoyo incondicional, y acto seguido borró el tuit y bloqueó a King cuando este afirmó que “las mujeres trans son mujeres”. Como colofón a su aparente gira antiwoke, publicó el libro Troubled Blood, el cual generaría más críticas por poner en el centro de la trama a un asesino serial hombre cis que se disfraza de mujer para cazar y asesinar mujeres.

¡Expelliarmus!

Esto, por supuesto, atizó una batalla cultural. A través de una cascada de comunicados, el trío protagonista de la versión cinematográfica de Harry Potter, Daniel Radcliffe, Emma Watson y Rupert Grint, así como Eddie Redmayne, protagonista de Animales Fantásticos, declararon su respaldo a la comunidad trans. Otros actores, como Helena Bonham Carter, Robbie Coltrane y Eddie Izzard, expresaron su apoyo a Rowling. La brecha generacional entre ambos bandos no pasó desapercibida. 

Ya en este punto, la comunidad estaba dividida. Y ante el inminente lanzamiento de Hogwarts Legacy en febrero de 2023, un sector de la comunidad gamer, activistas LGBTQ y Potterheads hicieron un llamado a boicotear el juego. 

La youtuber y activista Jessie Earl, expresó su opinión en un ensayo en Gamespot: “Apoyar Hogwarts Legacy, un videojuego en el que luchas contra fanáticos intolerantes mágicos ficticios no está mal, pero ignorar su legado dentro de la intolerancia real sí lo es”. El director del videojuego, Alan Tew, prometió inclusión: “Sabemos que nuestros fanáticos se enamoraron del Mundo Mágico, y creemos que lo hicieron por las razones correctas. Sabemos que es una audiencia diversa y queremos garantizar que tenga la oportunidad de sentirse bienvenida”. En la página web del juego, en su sección de preguntas y respuestas, los desarrolladores dejaron claro que  J.K. Rowling “no estuvo involucrada en la creación del juego”.

Durante los primeros días posteriores a su lanzamiento, el calor de polémica llegó a las transmisiones en vivo del juego en sitios como Twitch. Los streamers, muchos de ellos disfrazados de magos y brujas mientras jugaban, lidiaron con chats agresivos e intensos. 

¡Revelio!

La historia de Hogwarts Legacy transcurre a finales del siglo XIX, por lo que, a excepción del fantasma Nick Casi Decapitado, no nos toparemos jamás con los personajes icónicos de los libros. 

Lo primero que vemos al iniciar la historia es una carta de aceptación de Hogwarts: comenzaremos nuestra educación mágica siendo un estudiante de quinto año. Nuestro personaje principal no tiene una historia de fondo, es una hoja en blanco. Es por eso que, acto seguido, debemos crearlo.

Y es allí, en la creación del personaje, donde vemos al juego establecer una postura inicial. Si bien los géneros presentados son solo dos (bruja o mago), tu personaje puede elegir cualquiera sin importar como luzca físicamente o como suene su voz. Podrías, por ejemplo, lucir y vestir como mujer, tener voz masculina y denominarte “bruja”.

Sin embargo, esta decisión no tiene ningún impacto en la historia ni en las relaciones con otros personajes. A diferencia de muchos otros títulos, como la saga Mass Effect o Cyberpunk 2077, Hogwarts Legacy no presenta oportunidades para desarrollar relaciones románticas. Tomando en cuenta que esta es en parte una historia “coming-of-age” colegial, esa decisión parece estar más motivada por el deseo de evitar mayores controversias.

Una de las preocupaciones de J.K Rowling en toda esta polémica siempre se ha centrado en delimitar y “respetar” los espacios de un solo sexo, así que era interesante ver cómo iban a abordar esto los desarrolladores del juego. El resultado, ciertamente, es confuso: Sin importar cómo hayas creado a tu personaje, este siempre aparecerá sin compañía en la habitación común. Las otras camas siempre estarán vacías, nunca nadie entrará o hará vida allí. El resto del castillo está repleto de estudiantes, pero nunca el espacio donde pernoctas. El otro espacio “vulnerable”, los baños, presenta una dicotomía notable: tu personaje puede entrar a cualquiera (magos o brujas) en cualquier momento, pero ignorando algún fantasma mudo que atraviesa alguna pared, estos, también, siempre están solos. Ni una sola vez me conseguí a algún otro estudiante en estos espacios, lo cual deja clara una evidente decisión de diseño. 

Este tipo de decisiones ilógicas, hay que decirlo, abundan en el juego, y no siempre tienen que ver con la batalla cultural en cuestión. Por ejemplo, aunque las tres “maldiciones imperdonables” son tabú en este universo y están prohibidas por su altísimo nivel de crueldad, tu personaje puede usarlas casi de manera casual, con nulas consecuencias. También está la terrible excusa utilizada para explicar la ausencia del Quidditch, el deporte icónico del Mundo Mágico, y por lo general un elemento inseparable de Hogwarts.

¡Reparo!

En el centro de la historia de Hogwarts Legacy hay un secreto mágico a proteger, y un ejército de magos oscuros y duendes rebeldes a derrotar. Poco importa. La casi vacía trama no se sumerge en dilemas morales ni tiene mayores matices, y su única función es generar una misión importante que potencie el objetivo principal del videojuego: proporcionar la experiencia de ser un estudiante de magia.

Y en eso, Hogwarts Legacy acierta. El castillo es enorme y está repleto de secretos y detalles que son un placer descubrir. El mapa a explorar incluye el mágico pueblo de Hogsmeade, así como una porción de las Tierras Altas de Escocia. El juego está además repleto de diversas actividades que si bien en ocasiones pueden terminar siendo tediosas, garantizan que siempre haya algo que hacer. Puedes sembrar mandrágoras, crear pociones mágicas, criar animales fantásticos y participar en carreras de tiempo con tu escoba voladora. Todo esto incrementa el nivel de tu personaje y le brinda mayores herramientas a la hora de enfrentar enemigos. El combate es una de las gratas sorpresas del juego: es dinámico, entretenido y variado, considerando que todo se hace con hechizos desde una varita. La música es otro de los grandes aciertos del  juego: además de la banda sonora original que nos remite directamente al trabajo de John Williams o Alexandre Desplat en las películas, es un placer pasear por el castillo a altas horas de la noche y escuchar a la distancia piezas como el Minueto de Boccherini o el Lacrimosa del Réquiem de Mozart.

Otro aspecto destacable de Hogwarts Legacy es su gran diversidad en los personajes. Hay profesores europeos, asiáticos y africanos con historias interesantes. Hay una pareja de brujas lesbianas que te ayudará a resolver las llamadas “Pruebas de Merlín”. Uno de los personajes más memorables, Ominis Gaunt, es un estudiante de Slytherin con discapacidad visual. Pero sin duda lo más relevante es la presentación del primer personaje transgénero del Mundo Mágico: Sirona Ryan (cuyo nombre no estuvo exento de controversia), la propietaria de la icónica taberna Las Tres Escobas, y una importante aliada. 

Todo esto, a su vez, deja en evidencia una enorme contradicción: el Hogwarts del siglo XIX es mucho más diverso e inclusivo que el moderno. Es una corrección política bastante inofensiva (influye muy poco en la historia) que subraya lo complicado y en ocasiones paradójico de estos procesos retroactivos en el mundo creativo.

¡Leviosa!

A pesar de todo el ruido, Hogwarts Legacy ha sido un éxito rotundo. Ha vendido más de 12 millones de copias en sus primeras dos semanas, llegando así a 850 millones de dólares a nivel mundial. Obtuvo la enorme cantidad de 1,3 millones de espectadores simultáneos en Twitch en su primer día, una métrica nueva y quizás la más relevante a la hora de determinar el éxito cultural inmediato de un videojuego.

Por supuesto, existe la posibilidad de que Hogwarts Legacy sea un “one-hit wonder”. Quizás ya la sed por un videojuego en este universo esté saciada. Quizás el éxito de este juego impulse a los creadores a ignorar el determinismo geográfico del título y aumentar sus ambiciones. Sería interesante jugar una historia ambientada en la década de 1980, en Koldovstoretz, (el Hogwarts ruso) o en el presente, en Mahoutokoro, (la escuela de magia de Japón).

Lo cierto es que la buena acogida de Hogwarts Legacy pareciera determinar que el futuro del Mundo Mágico es prometedor. La gran duda, eso sí, sigue siendo la participación creativa de J.K. Rowling en él.

Por  su parte, la escritora parece haber zanjado cualquier debate sobre su legado. En una declaración reciente, fue lapidaria: “¿Qué importa? Estaré muerta

La contundencia de sus palabras deja la impresión de que, a estas alturas, Rowling está harta de defender lo que según ella siempre ha sido un malentendido. Quizás ha llegado a un punto en el que ya no le importa tanto estar relegada a una cancelada esquina oscura cultural. Después de todo, el Mundo Mágico seguirá allí el resto de su vida, generando nuevas historias y otorgándole generosos cheques de regalías. 

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